FIGURITA DIFICIL (I)

dulce-inocencia

Gracias a esos pocos morlacos que mis viejos aprendieron a mezquinarle a sus deseos, no hubo un día de mi humilde tránsito por la escuela primaria, en el que no comprara un turrón, un alfajor, o dos chupetines, para saciar durante el recreo esas terribles ganas de ser niño para siempre. En el kiosco de la esquina del colegio, un momento antes de entrar a clases, uno se sentía grande decidiendo con cautela en qué gastar el dinero, mientras la mano húmeda acariciaba en el fondo del bolsillo del guardapolvos, la redondez de los cincuenta centavos.

Pero esa moneda no tuvo siempre el mismo destino. Tal vez porque otras formas de entretenimiento empezaron a aparecer, y fue preciso financiarlas de algún modo. En casi todos los casos, se trataba de modas que se desvanecían tan rápido y en silencio como el polvo de las tizas. Pero hubo algunas que se quedaron en nosotros para siempre. Entre esas, la posibilidad de empezar a cultivar un desquiciado perfil de coleccionistas, fue la que más nos hizo crecer. Una vez al año, más tarde o más temprano, siempre llegaba la época en la que las golosinas de cada día eran desplazadas por el paquete de figuritas, en cuyo interior esperábamos encontrar el pasaporte directo a la gloria de ser el único capaz de completar el álbum del momento.

Cuando estábamos en segundo grado, hubo uno muy sencillo que convocó a todos los caballeros del curso con profusa adicción: un díptico que al abrirse mostraba una cancha de fútbol, sobre la que se disponían siluetas en blanco de los jugadores de dos equipos enfrentados en un partido. Cada figurita era un jugador, cada jugador completaba un espacio vacío del álbum. ¿La difícil? El árbitro. La ilusión se nos derramaba en las manos cada vez que abríamos un paquete. Pero nada. Cinco figuritas, de cualquier jugador, de cualquier club, y nunca el hombre de negro.

No teníamos tecnología para entretenernos, pero éramos felices. Ese álbum fue para nosotros como una especie de playstation. Dinámico, colorido, interactivo. Sí, interactivo. Porque cuando recién te lo compraban y todavía estaba vacío, uno decidía qué clubes de fútbol se iban a enfrentar. Entonces, la suerte rapaz y cotidiana te iba en eso de encontrar en los paquetes los jugadores de los clubes que habías elegido. La otra suerte, esa gran puta que nunca nos da crédito, era la que había que tener para dar con el árbitro. Yo elegí Velez Sarfield vs. Rosario Central. Y me senté a esperar.

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5 comentarios en “FIGURITA DIFICIL (I)”

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