LOS ULTIMOS DIAS DE LAS SEMANA

Viernes. Amo las mañanas de mermelada y tostadas hirviendo. Sube la leche, y un día revienta de soledad. Sube la nafta: pero nadie paga el clímax ni renuncia al pecado original. Buen día señora de cabello escotado y vestido lacio. Su marido… ¿es su marido? Cuidar la noble estampa de empresario del azufre, ¡que don! Se gana bien, y con valentía, esfuerzo y una patada tricolor en el alma, se llega al sábado.

Así es como dormimos, apretados por la suma espeluznante de los órganos vitales. Dos corazones, un par de riñones, y molleja para la vieja. Que sufra la suegra, hoy no la invitamos. Todos al auto. Renault 9, ¿te suena? Oferta. Una joya. Y eso que mi tía, la tres veces viuda, era taxista. En Rosario. Las calles no tienen nada, no sé, ni siquiera el perfume gris de la empanada casera.

Domingo: ¿cuándo me van a premiar por tanto milagro diario? Que ganas de un pancho grasoso, cargado de lípidos multicolores. Esa minuta si que es como la ambición errante de una multinacional preñada de socialismo. Pancartas de arpillera: COMETE ESTO Y TOMATE AQUELLO.  Seguro que son verde oscuro los mocos de la piba de rulos que se sienta en el banco de adelante. Sonó la canción favorita, ¿quién es el de la radio? Parece la voz de la hormiga voladora. ¿Alguien viene al cine? Hoy no hay estrenos. Y la vida se pasa. Y nunca somos los de la cartelera. Ni los de las butacas de pana. Ni siquiera los de las boleterías. Ahora, parece que Roberto se ganó el premio al proyectorista del año. Son una infamia todos los certámenes de belleza. Dale. Corran. Repitan. Extingamos las ilusiones prolongadas en ese balde con agua tibia que el portero se olvidó en la terraza y ahora usamos como piscina del fondo. Y mientras Susana me corta los pelos que me salen de la nariz, que Joaquín riegue las plantas del jardín de mi balcón favorito.

Cada cosa puede aparentar ser otra, todo puede cubrirse de máscaras, camuflarse. Ese peligro es inevitable. Pero quien se dibuja sobre la propia piel otra piel, vive pendiente del momento en el que lo de abajo madura y lo de arriba se pudre. Y esa fatal desnutrición del alma no ocurre en el tiempo extenso, por el contrario, es súbita: irreversible recuerdo de cuando la luz nos encandila por primera vez.

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3 pensamientos en “LOS ULTIMOS DIAS DE LAS SEMANA”

  1. “Y nunca somos los de la cartelera. Ni los de las butacas de pana. Ni siquiera los de las boleterías.”
    depende para quienes, mi querido, para los que queremos somos todo eso y mucho mas.
    un abrazo como siempre.

  2. Ni los fines de semana están a salvo. Al menos podrían ser los días libres, de trabajo voluntario para los que se aburren o los dias de ocio para los que saben divertirse.
    Mientras los dias pasan, el de la cartelera tatua un feliz domingo en la piel de un pancho grasoso (cerdo?)
    Salut

    1. Mi hiciste pensar en la gente que sabe divertirse. Ojo! No es una pavada, hay que saber hacerlo bien. Voy a escribir algo sobre un club de divertidores profesionales, o algo así.
      A las órdenes!

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