VERANOS I

Estaban tan a punto los durazneros de la plaza, que cuando Andrea caminaba descalza para sentir el tibio de las baldosas en la planta de sus pies, los duraznos se le caían en la cabeza y explotaban su jugo contra el piso. Fue un verano increíble. Todas las veredas colmadas de carozos amargos, que habían deseado un destino mejor, y sólo encontraron aquel, tan parecido al abandono, que daban ganas de matarse.

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