VERANOS II

Se le antojo fácil la tarea de ponerle sal al plato de pasta. Su padre se lo advirtió tres veces, pero ella, engreída y orgullosa, con sus seis impunes años de vida, tomó el inmenso salero amarillo y lo dio vuelta sobre su comida, como tantas veces había visto hacerlo a su madre. Pero la tapa estaba floja, y una montaña de sal blanca resplandeció súbitamente delante de sus ojos. Entonces hubo penitencia molesta. Y mientras por las rendijas de la ventana se metían los gritos y las risas de todos los niños del barrio que jugaban en la pileta del fondo, Andrea tuvo que dormir la siesta más larga de su vida.

Anuncios

3 pensamientos en “VERANOS II”

    1. si. y cuando te hacés grande no podés creer todas las siestas que te perdiste… porque ahora si que vendrían bien! ja. gracias por pasar che, estas invitada siempre… beso!

  1. Dulce castigo por derramar la sal.
    Cuando crezca por derramar la sal lo único que consiguirá es que algún aguafiestas le diga que trae mala suerte y le impida dormir.
    Salut

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s