LAS MUDANZAS Y LAS COSAS

Las cosas nunca ocupan tanto lugar como en las épocas de mudanzas. Se revelan materia pura y con una intransigencia que desconoce de argumentos racionales, nos imponen la lógica del “no me tires que por algo estoy aquí”.

Las mudanzas se convierten así en un privilegiado momento dentro de la cadena de momentos que nos han llevado a ser (tan) grandes, para sentarnos a reflexionar cómo fue que llegamos a tener esta vida abarrotada de posesiones.

No es una novedad mi teoría: las cosas imponen el ritmo de las mudanzas. No sólo la cantidad y la calidad, sino el modo en el que hemos gestionado los vínculos con las cosas determina la lógica que nos permite cambiar de domicilio en un día, un mes o un año.

Detrás del agobio que supone una mudanza sólo se revela la más oscura noticia de que cada uno es todas las cosas que ha metido en su casa. Y entonces, lo que soy cabe en unas cajas, lo que soy se puede mudar, lo que soy se arma y se desarma en cualquier repisa de cualquier departamento de cualquier barrio de cualquier ciudad. Porque si algo se descubre con cada mudanza, es que uno puede ser cualquier cosa.

Por otro lado, cómo continuar la vida en una casa nueva sin las cosas que se tenían en la casa vieja. Las cosas restituyen la apacible continuidad de la vida frente al trágico abismo de las mudanzas. Las cosas confirman en el nuevo domicilio que uno no ha dejado de ser el que era, excepto que ahora hay un balcón que da a la calle y una ventana por la que al fin entra la luz del día.

Las cosas disfrutan de las mudanzas. Para ellas, mudarse es confirmar que siguen estando en nuestro mundo. Y corren carreras secretas entre ellas. En un mismo estante, no valen igual el cenicero robado de la mesa de un bar, que ya ha resistido cinco mudanzas, que el porta saumerios que acaba de ser comprado en la feria de artesanos. El cenicero es capo: instruye a las otras cosas, las prepara, les dice como volverse cosas indispensables, y les enseña a esperar agazapadas la próxima mudanza.

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3 pensamientos en “LAS MUDANZAS Y LAS COSAS”

  1. es verdad, hay cosas que se resisten a ser tiradas. y cada cosa merece una reflexion cuando uno se muda, y cada cosa que decide tirarse es una decision dolorosa y una despedida, asi como cada cosa que se queda es la renovacion de un compromiso y una relacion, la prueba de que lo que nos une a ella sigue vigente.

  2. mudanza, en el sentido amplio de cambio, es inevitablemente un acto de palpar la tristeza que flota siempre detrás de todo lo que, generalmente, no miramos
    tengo malos recuerdos de muchas mudanzas, así que la cosa me suena así, melancólica

  3. Creo que lo que nos ata al mundo no es la gravedad sino las cosas que se nos van agregando a los bolsillos para impedir que salgamos volando. Las cosas nos permiten saber que mañana estaremos ahí, porque si un día despertamos y no están, entonces seguro que nosotros tampoco.
    Salut y me ha gustado este cenicero capo que instruye a los nuevos.

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