ESTAMPADA

Mirá si allá abajo, pensó la paloma, el asfalto está tan caliente que no puedo apoyar mis patas y cuando voy llegando me da una especie de mareo y empiezo a tambalear de un modo que se me hace imposible remontar el vuelo, y de pronto, por hacerme la valiente, quedo estampada justo en el medio de esa avenida que, por más que ahora esté desierta, ya sé que a más tardar en media hora va a explotar de automóviles repletos de profesionales nerviosos que llegan tarde a sus oficinas, mujeres que llevan desesperadas sus grandes esperanzas en autos compactos, o transportistas sindicalizados que últimamente están saliendo mucho en cierta prensa cuyos titulares se le escucha repetir a la gente que se sienta en los bancos de la plaza a la que voy a dormir la siesta los días que puedo, porque últimamente la contaminación sonora nos obliga a pernoctar en las terrazas de los edificios, en el mejor de los casos, o irnos de la ciudad, pero eso es todo un trámite, porque son unas cuantas horas de viaje y hay que ponerse de acuerdo con unas cuantas más, y no es sencillo convencer a nadie, menos en el verano, porque es lógico, todo el mundo está saturado por el calor y para lo único que tienen ojos es para las fuentes de las plazas, que tampoco es alternativa, al menos para mí, porque se llenan de humanos que con una impunidad abrumadora se pasan el día entero en remojo y no te dejan acercarte ni un milímetro, y no es, como dicen algunos por ahí, que porque somos muchas y estamos invadiendo la ciudad, porque yo el otro día traté de acercarme sola como estaba después de una pequeña riña con mi novio, y tampoco me dejaron, entonces claramente hay algo contra nosotras, yo me pregunto que fue de aquella postal de antaño de la que todavía nos hablan nuestros abuelos, cuando era común ir a comer las migajas de pan que los niños nos regalaban, ahora sólo hay señoras más gordas o más flacas, que lo único que hacen es quejarse de la suciedad y culparnos de ese y tantos otros males.

Todo eso pensó la paloma, y se quedó muda, acurrucada en la sombra de un recodo de la Casa de Gobierno, mirando la gente caminar doblada bajo el sol de un mediodía de febrero.

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4 pensamientos en “ESTAMPADA”

  1. Vaya, este si fue un viaje al pie de la letra.
    Salut
    PD: yo que soy del colectivo de las señoras goradas/flacas (no voy a precisar en qué lado me ubico) que se quejan de la suciedad más que nada porque se ha llevado “recuerdos” líquidos lanzados por alguna paloma descontenta que se venga de sus males en algunas mujeres que van a trabajar esté o no esté caliente el asfalto.

  2. Fantástico. No pude no recordar una desconocida canción de unos treinta y tantos años atrás llamada Pigeons, de Genesis, acerca de un personaje que hace lo imposible por eliminar a las palomas de Trafalgar Square. Ésta vendría siendo una excelente respuesta.

    saludos!

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