ESTABAMOS TAN TRISTES

Ayer pusimos discos de Lou Reed; y estábamos tan tristes. Miel sobre un pan que nadie morderá. Me acuerdo bien que hablaste de cosas simples: ir al supermercado, doblar la ropa, sacar al perro. No te lo dije, pero pensé que a pesar de tus palabras comunes, eras una mujer espléndida, radiante. Después volvimos al debate eterno: ¿es original la cúpula de la iglesia que se ve desde el balcón o la mandaron a restaurar en la época de los milicos? Para mí que no se nada, las tardes tirado sobre tu sillón siempre me hicieron sentir un experto en cualquier cosa. Y cada vez que te vas al baño o a calentar agua, me parece una eternidad ese ratito. No puedo esperar si no está tu mueca radiante en mi campo visual. Y volviste mil veces con risas diferentes.

Ayer pusimos discos de Lou Reed; y estábamos tan tristes. Angustia que el mar te clava en el pecho el último día del verano. Tal vez sabíamos el secreto de muerte que guardan las horas, y no nos animamos a contarlo.

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