NO

Tal vez escribí mil veces que no, sin pensar en lo difícil del duelo. Es amarga esta dinastía de muertos que te abruman con deudas y no dejan herencias. Admito mi falta de conciencia, mi afán desmedido, mi ilusión y mi romanticismo. En esa trampa estoy dando vueltas, tratando de entender. Y mientras desentierro de mi abdomen el filo de acero que tus uñas dejaron, reniego de todos los no que escribí, sin pensar en tu duelo.

No es verdad que el amor pueda mutar sin remedio en enfermedad crónica. Y tu mendigar sin sentido, no hace más que edificar una larga fila de paranoicos abusos que con falsa ternura esperan en la puerta de la reconciliación.

No se agota la magia del primer segundo por más horas que se acumulen sobre la frente. Y tu reclamo nervioso por las cosas, los números, las cuentas y el dinero, pronostica una fría mañana de bienes que se separan y caminos que se dividen.

No vuelven los fantasmas del pasado mientras los del presente son más fuertes. Y el miedo a perder pone en tu boca nombres que ya ni recuerdo, y los hace volar como dagas que cruzan de lado a lado la cama de hospital en la que duermo.

El duelo te ha convertido en perpetradora. Me mata de a poco tu incapacidad para olvidar. Me deja inmóvil, me pierde, me desnuda, me arroja a las vías del tren. Y a pesar de todo, quiero seguir pensando que algún no todavía es posible. Aunque sea, para resistir a la vida.

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