ELEFANTES

Marfil entrando por tus ojos. Y una ceguera roja como el agua.

Prosperidad es una palabra feroz. Seduce porque suena bien y aunque no es muy grandilocuente viene cargada de alusiones barrocas. Es un orfebre del alfabeto que pretende hacer brillar las penumbras de las bambalinas, y en sus manos frágiles teje un engaño sutil, una trampa dulce, un hechizo del tiempo.

No está asociada al sistema y tampoco a la religión. Su posibilidad de enunciación no está limitada por lo económico ni por lo emocional. Y el impulso primario que lleva a cuanto humano la escucha a querer protegerla y resguardarla, es más ficticio de lo que podría suponerse.

Prosperidad es casi una palabra que se ha venido escuchando durante siglos sin que nadie jamás la haya podido pronunciar en realidad. Prosperidad es una mueca del aire, un consuelo de barro, un sinfín de vaguedades y atrofias del alma.

Es el peón que ha quedado sólo en tablero junto a un Rey moribundo y cobarde que ya sin poder le exige lo imposible. Es el peón que a pesar de la tragedia, improvisa movimientos ágiles en un cuadrilátero que lo acuchilla en cada vértice.

Prosperidad. Es la mentira vestida de frac. El silencio sonando en Do Mayor. El doble ascenso en un año. La fe ciega en tú capacidad para domesticar cocodrilos y hacerlos vivir a tu merced.

Prosperidad. Una verdad contada por elefantes.

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4 comentarios en “ELEFANTES”

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