PEDAGOGIA DEL DESAMOR

Tuve que aprender a distinguir entre la tristeza y la angustia. Precisar el límite entre la memoria justa y el olvido necesario. Domesticar el instinto asesino, la ira irrefrenable, la bronca sombría.

Y me fui quedando quieto, me fui poniendo ambiguo, me fui sintiendo absurdo.

Clasifiqué las pocas fotos tuyas que me quedaron, organicé los libros que habíamos leído juntos, y cada vez que pude jugué nuestros números favoritos en la lotería.

Hice los tres viajes que teníamos planeados. Dormí en los hoteles que nos prometimos, cené frente a los mares que nos imaginamos, y hasta hice encender dos velas en la punta de aquel muelle.

Fui haciendo como que estabas todavía. Como que llegabas tarde o te ibas temprano, pero estabas. Y jugué a que festejabas mis ocurrencias, que regañabas mis excesos, y que soplabas tiernamente en mi oído izquierdo para ver si seguía la sordera.

En la casa no toque nada. Ahí está tu ropa, tu cepillo de dientes, tus pantuflas con el calor de la última madrugada, y el regalo sin abrir que íbamos a darle a la abuela.

Tuve que aprender a distinguir entre el abandono y  la soledad. Y en esa cárcel de la confusión, me fui deshaciendo de vos.

Conocí la pedagogía del desamor, la tarde que te llevaron.

Anuncios

3 pensamientos en “PEDAGOGIA DEL DESAMOR”

  1. En un suave ejercicio, vas hilando lentamente la mortaja que cubrirá el espacio del que se ha ido. Me quedo en tus frases, ya curadas de dolor, que explican mansamente cómo se llega al desamor. Bello. Sencillo. Real

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s