SUERTE

Hay cuatro o cinco cosas que tengo que dejar de hacer si quiero conservar un poco de dignidad o salvarme. Tal vez sean un poco más, pero da igual porque ni siquiera puedo empezar por la primera. El cielo se está poniendo muy rojo y confundo cada vez con mayor frecuencia marionetas con hombres y viceversa.

A lo mejor no tengo que dejar de hacerlas, sino simplemente compartirlas, ponerlas en la vereda de casa, exponerlas al sol y saludar a los vecinos con un gesto calmo, sin sentir pudor o culpa alguna. Pero ya he visto la lluvia de barro que se aproxima, y no hay refugio que pueda cubrir mi desconcierto.

Me encierro en un recuerdo que a lo mejor nunca fue vida sino fantasía, para ver si ese tan diferente que pude ser vuelve con furia del pasado y le clava siete dagas en el pecho a este cretino de ahora, que sabe que no puede surfear la mediocridad de su existencia.

Cuánta soledad cabe en un derrumbe. Ojalá que esta montaña de escombros asfixie mi voluntad más caprichosa, para dejarme sin ambiciones y sin posibilidades de impostar saber alguno.

De un hilo delgado cuelga el peso de mi cuerpo herido. Pero es inútil: todo es muerte y abismo cuando ni siquiera sostener la tensión tiene sentido.

Hay cuatro o cinco cosas que tengo que dejar de hacer. Tal vez seis. Una es dejar de temer por mi  suerte.

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2 comentarios en “SUERTE”

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