EL ALTA

No logro darme el alta de todos los complejos que me llevaron por el camino de la mediocridad. Arrojo arcilla sobre el amargo pulso cotidiano que lleva la vida de los mortales y enciendo un fuego. Pongo canciones de Smashing Pumpkings en el estéreo de mi auto comprado en cuotas. Y bajo el impaciente resplandor rojizo del semáforo, miro alrededor y veo que soy igual a todos. Barato eufemismo que esconde una tragedia universal: soy uno más.

Le pido al asfalto, a las sendas peatonales, a las alcantarillas y tal vez a un dios urbano que trabaja de mendigo en Corrientes y Uruguay, que me conceda algunas treguas para salir de la enfermedad crónica, del ruido amnésico, de la saturación de los fracasos. Quiero dejar partir de mi cuerpo preocupaciones como el abastecimiento diario de la heladera o la amenaza de vencimiento de las facturas de servicios.

We feel the pull in the land of a thousand guilts and poured cement, canto casi a los gritos para que sepan que estoy soltando amarras. Pero cierro las ventanas para no molestar, y entonces el sonido me envuelve, me aísla, me consuela: han inventado canciones para cada cosa, incluso para recrear la ilusión de dejar de ser por un rato lo que inevitablemente han decidido que seamos.

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2 comentarios en “EL ALTA”

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