REMEDIO

Nosotros, los de estrellitas en la terraza cada fin de año. Noche eterna que nos duró un segundo. Cámara fotográfica incontenible: instantáneas para el desamor. Las fotos y los regalos son todo lo de después. Lo inconfesable; tristeza que perdura aún cuando hasta los gestos son esquivos. ¿Cómo movía las manos mientras hablaba? Podré vivir sin nada, pero no quiero la condena de olvidarte en ese sutil agitar de los dedos. Y sin embargo, va pasando. El miedo de imaginarte partir fue parecido al miedo del día que te vi partir. Y ahora, verte partir es recuerdo sin miedos ni posibilidades.

Nosotros, los de las películas francesas y trasnoche en salas vacías. Dieciséis milímetros de silencio. Cansancio y acomodo de las piezas siempre sobre el mismo tablero. Héroes sin guerra en un tablero de ajedrez que fue y vino diez veces de vacaciones al Uruguay. Caballos y alfiles llenos de arena: y la reina hundida. Bajo el sol salvaje de todos los esfuerzos viaja la condena de nuestra humilde provocación. El sabor de tu saliva, el modo dulce con el que me poseía, y la sombra que proyectaba tu espalda. Dos veranos inolvidables que están listos para ser olvidados. Dice un señor en la aduana que nada es inolvidable: menos el dorso de tu mano cubierto de arena húmeda.

Nosotros, los de casa con perros y muchos hijos por venir. Los perfectos, los incondicionales, los amargos. Mesa servida para veinte amigos. Hipotecas vencidas, malabares indispensables, y cuentas sin pagar. Una caja llena de fósforos encendidos sobre la heladera, para despistar o prevenir la suerte de la rutina. Magia al hacer click, fuego sobre la comida, sangre con alcohol. Fuimos dejando la pureza de las tardes y la frecuencia de los domingos. Abandono sereno de la clama y el sexo y el drama.

Nosotros, los que intentábamos inventar el amor y nos salió libertad y nada tuvo más remedio.

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2 pensamientos en “REMEDIO”

  1. Es muy grosso. Los últimos textos que te leí están muy potente en todo sentido, la forma es amena pero cruda, y en las historias, aparentemente tranquilas y cotidianas se ve la tragedia inminente. Es que claro, sin la tragedia nada podría ser escrito.
    Salú!

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