DESEO

No estás buscando ninguna verdad. Lo único que te interesa que diga en este mismo momento – mientras nos miramos a los ojos desde lejos y yo no puedo evitar sentirme incómodo porque hasta hace tres o cuatro meses teníamos sexo sin escrúpulos sobre el cuero de estos sillones que tan prolijamente adornan el living de este departamento sobre la avenida Libertador, que algún día tu abuela te heredará – lo único que te gustaría escuchar es lo que estás necesitando. Y eso no es ni una verdad ni una mentira. Eso es un deseo pleno de tu conciencia manipuladora que, al haber fracasado en el intento de doblegar mi corazonada, ahora busca satisfacer con palabras sencillas y frases edulcoradas las pérdidas que tu mente no se anima a confesarle a tu cuerpo. Tu deseo sólo desea otro deseo. En esa trampa brutal del destino insatisfecho se encuentra tu alma, desgarrada por los acertijos que el desamor fue dejando en las copas de whisky que cada madrugada te hacen pensar en la soledad como un plan digno, sobre todo cuando cabe la posibilidad de compartirla con el alcohol. Los deseos no son ni verdad ni mentira. Son injertos sin tiempo ni espacio, que perforan nuestra existencia desde el espesor de su vacío, y como una aguja invisible van punzando al cuerpo hasta drenar el veneno que nos consume la esperanza o las ganas de vivir. Si querida, de vez en cuando, te amo en algún rincón. Y lloro por no tenerte cada vez que eso me sucede. ¿Conforme?

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