ABRI

Abrí la puerta que vine solo. Tengo los zapatos de siempre y el saco que me regalaste en Navidad. No me voy a quedar mucho tiempo porque ando sin la insulina encima. Abrí, no te quedes del lado de lo innecesario. Todas estas actitudes mañana serán basura nuclear. Todavía podés ser una mujer justa, y salvar las perlitas y capaz dos o tres fotografías. Abrí. Yo también estoy tratando de esquivar la confusión y el delirio, pero tomo decisiones. Mirame acá, casi rendido y con la trinchera a punto de incendiarse. Pura táctica de madrugada que corrompe tranquilidades y se ampara en la humildad disfrazada. Abrí, estoy lleno de desamor y ya no sé dónde tirar las pilas gastadas. Tal vez intente sacarte una confesión, es cierto. Pero también puedo olvidarme definitivamente de mis obsesiones, con tal de verte una vez más. Abrí. Ya pasó el último tren, y a las infinitas ganas de quedarme se le suman ahora las contundentes imposibilidades para irme. Abrí porque el panorama empieza a ser un poco absurdo y yo demasiado patético. Abrí, no quiero que mi silueta se empiece a desdibujar en este zaguán colonial, merezco más respeto. Escucho perfectamente el silencio de tu amargura contra la madera de la puerta, y hasta adivino el color del bronce de la llave en tu mano. Abrí, hay tanta oscuridad de este lado que es inútil esperar brillos o reflejos que salven la desgracia. Sólo me queda tu buen gesto, a pesar de la culpa y la resignación. Abrí, mañana no voy a volver, lo sabemos. Y sin ánimo de que eso suene a amenaza para tu existencia o el laberinto de tu memoria, hago simplemente este anuncio de mi destino como quien da una tregua al filo de la derrota. Abrí. Porque si no, más tarde, aunque te arrepientas o lo niegues, aunque te retuerzas y lo imagines diferente, o te empeñes en ocultarlo, no habrá modo de cambiar la experiencia: y este será para siempre nuestro adiós. Si no abrís ahora, jamás podrás recordarlo, ni contarlo, ni escribirlo, sin sentir la amarga e intransigente tracción de la culpa vagando por la sangre de tu orgullo. Abrí, yo tengo tiempo. Acá me quedo a esperar, para salvarte de un final tan infame como tu duda.

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