Archivo de la categoría: TODOS LOS DIAS

La vida muda de Lucy Bender: la Pocha para los amigos

1

La primera vez que visitó el Moulin Rouge le escucharon decir que estaba decepcionada. Solía sucederle muy seguido. Viajaba hasta alguna ciudad de remota ubicación para conocer un lugar puntual y rápidamente se le hacía añicos la esperanza. Exceso de expectativas o, tal vez, pretensión elevada. Muy elevada quizás, más allá de lo que el mundo podía ordenarle. A lo mejor se trataba simplemente de su edad: recién pudo llegar de vieja a todos los lugares que soñó de pendeja.

2

Este que hiciste acá es un motivo nuevo. No tiene nada que ver con lo que venías planteando. Me gusta, pero creo que va a ser difícil que lo acepten. Vos sabés cómo son las cosas acá. Un viejo choto que no sabe nada de arte pero tiene un montón de millones en el banco define, con el mismo dedo que a veces se mete en el orto para sentir un poco más de placer, quién sube y quién baja.

3

El afán de Lucy por las galerías de artistas no consagrados nació durante su tercer viaje a New York, en 1984. Escribió algunos años después, en el margen de una hoja de su cuaderno íntimo de notas, que esa había sido la experiencia más adictiva de toda su vida. Para no faltar a los hechos, fueron tres meses en la ciudad más cosmopolita del mundo en los que se la pasó tomando cocaína y probando whisky importado que unos matones aprendieron a darle en la boca.

4

Los colores. El problema Lucy, son los colores. Tu universo plástico parece una repetición, y no es por la forma ni por el tema. Es porque no lográs trascender en la representación la lógica de los pigmentos reales. Es como si estuvieses muy cómoda con lo que el azul o el naranja pueden brindarte. Y te lo quiero decir sin esconderme, porque vos sabés que ante todo somos amigos: esa comodidad, muy manifiesta sobre todo en tu última serie “Pichones que atrasan mundos”, no te va a dejar trascender. 

5

Hay una estética de los apodos que se aprende en la calle, no en las escuelas de arte. Esa estética no describe cánones de belleza sino que conjuga aspectos, prácticas y proyecciones. Para nosotros, los que siempre nos emborrachamos con vino tinto de dudosa procedencia, fue Pocha. Pero en el universo andrajoso de artistas plásticos insurgentes y músicos obsesionados con las matemáticas, su halo degradado e impertinente siempre brilló bajo la estridencia de Lucy Bender, la mil veces conjugada.

  

6

Aunque nunca se lo propuso, en su experimentación y búsqueda constantes, pasó de “pelearse con los hombres que pretendían cercenar su mirada sobre el mundo” a ser una “ferviente militante de los primeros movimientos feministas que vieron la luz en el país”. Las comillas pretenden citar, de manera más o menos textual, fragmentos de la único reconstrucción biográfica sobre su vida que se hizo, a mediados de los 90. El autor: Néstor Rubén Agüero, el historiador del arte argentino que siempre miró a los incomprendidos.

7

Por esas vueltas de la vida, entre los papeles y objetos que me quedaron de ella, estaba la primera invitación que le hicieron para exponer en China. Tenía casi 70 años y estaba cansada de viajar y lidiar con el periodismo “que no sabe nada ni le importa”, como dijo muchas veces. No quería ir. Y a cada rato me pedía que la acompañara. Daba pena verla tan atemorizada, a ella que  para mí fue la única mujer que lo vivió todo.

7 y 1/2

Hace unos años, una revista especializada envió a un periodista a entrevistarme porque querían hacer un dossier especial sobre Pocha. Le conté mil secretos y le confié la copia de esa invitación que habían mandado los chinos. Era un tesoro: un cartón verde claro con letra dorada y signos extraños por todas partes. Me pareció que era un homenaje justo publicarlo tantos años después. Incluso para que a nadie le quedaran dudas de su trascendencia mundial: ni siquiera a esos críticos inmaduros de arte, o esos profesores fracasados y directores posmodernos de escuelas nacionales “reconocidas”.

La escaneo y te la devuelvo, me dijo el periodista que no podía ocultar sus colmillos de lobo hambriento. Tres semanas después me mandó un correo electrónico pidiéndome disculpas. La había extraviado. Nunca publicaron el dossier.

Anuncios

HISOPO DEL DESTINO

Todo muy serio. Mueca tenue. La experiencia es un margen, una frontera. Zona franca. Click. Flash. Click. Te lloran los ojos. Quién sabe si faltan horas o días. Cada tanto viene la enfermera y recrea la pantomima. Hisopo del destino. Trabajo forzado. Domingos sin descanso. Alicia y Andrea cambian de turno a las 13. Se besan por compromiso. Una corre las ventanas y entra la luz. La otra cierra todo y tapa la luna. Está vieja la sala donde ya no amanece jamás. Abuelos, padres, hijos. Alguna vez en una camilla te traen al mundo. Y después de una vida entera: respirador artificial. Todo muy serio. Mueca tenue. Click. Flash. Click. La experiencia es un margen.

Como todos los días

Juan, como todos los días. Que hunde el cuchillo en la carne de un animal muerto, que quita la grasa y enjuaga la sangre. Que mira pasar las horas y piensa que es tiempo que se le va. Que espera un rato libre para hojear el diario. Que cuando no hay clientes sube el volumen de la radio y toma un mate amargo. Que espera el domingo para disfrutar la siesta. Que se despierta de madrugada y sin protestar sube la persiana del local cuando apenas ha salido el sol. Que anota el fiado en una libreta ajada. Que vive en el mismo barrio donde nacieron sus padres y no se frustra. Juan, que sabe que lo único que se olvida es la repetición. Y a pesar de eso, la vuelve a esperar.

CREDO

Creo en Dios.

En la neurosis concebida de su corazón.

En su histeria para promover y ocultar pecados.

En sus sueños eróticos,  su dolor de muelas y su mala caligrafía.

Pero creo sobre todo en su tendencia al abuso de poder.

 

Creo en la tristeza.

En el polvo intransigente que produce para  señalar la ausencia.

En la lenta marcha con que administra el olvido.

En su existir irreverente en un sangriento playlist de youtube.

Pero creo sobre todo en su lunática búsqueda.

 

Creo en el viento.

En la gris fragancia con que destruye las cosas.

En la siniestra capacidad para perforar la piel y el acero.

En su falta de planificación constante y su acelerado rumbo.

Pero creo sobre todo en su conciencia de clase.

 

Creo en la herida.

En el valor doméstico de la sutura que la restaña.

En la huella imposible de narrar que hace presente dolor.

En el estigma profundo con que recuerda para siempre los errores.

Pero creo sobre todo en su capacidad para ver el futuro.

 

Creo en la noche.

En las imágenes sin forma que inventa en la habitación.

En el orgullo con que cultiva y exacerba los mejores miedos.

En los fuegos que hace arder y también las cenizas que apaga definitivamente.

Pero creo sobre todo en el amanecer que promete.

 

SOLA

Tiene chocolate en los labios y no puede recordar su nombre. Está sola, sentada en un banco de Puerto Madero. Me parece que se está haciendo tarde para una niña de su edad. Aunque en realidad, su edad solo puedo estimarla por su apariencia, porque se lo he preguntado y se queda callada.

Aldana. Le aviso que así la voy a llamar, hasta que recupere la memoria. Me mira furiosa y bajito al oído me dice que soy un mentiroso, que la memoria no se recupera nunca. Cuando le pregunto por su ropa oscura, responde que no sabe vestirse de otro modo. Que no le gustan los colores claros, o simplemente no soporta como le sientan en el cuerpo. Así que siempre va de negro o gris oscuro. Empezamos a caminar y está anocheciendo. La ciudad la absorbe por completo, su forma no se distingue del fondo, y la mímesis es de pronto tan completa como siniestra.

Una niña que no confiesa su edad es cómo una mujer, pienso. A los lejos vemos pasar el tren de las dos de la mañana. Intento correr para alcanzarlo, pero Aldana me detiene. Tímida explica que no vale la pena, y la escucho decir que Camila entenderá todo y aprenderá a vivir sin sus sorpresas. Es inquietante, y tal vez no supere los diez años.

¿Sabés volver a casa? Escucho mi voz hacer la pregunta sin notar que mi mente la haya pensado. Me extraño. Y mirando siempre hacia el frente, al tumulto ennegrecido en que se convierte el sur de la ciudad cuando se va el sol, responde que no quiere volver. Que mejor se queda o pierde la razón, y no vuelve. Puede pasar. No tiene miedos. Y me pide que la deje ir sola. Sola. En el momento violento en el que los campanazos retumban en el pecho, ella pronuncia la palabra sola. Sola. Y la iglesia breve de Barracas, con sus vitrales azorados, se levanta más inmensa que nunca. Inalcanzable.

SALUD

1

Es mentira que te asesino por las mañanas.

Es verdad que te interrogo de noche.

 

2

Te juro que no me da la cabeza. Habíamos ido al Velorio del nene de Francisca, y después estuvimos unos días juntas porque ella tenía miedo de quedarse sola, decía que le faltaba el aire. Vino tres veces la ambulancia del servicio médico y la última vez una doctora muy jovencita me llevó aparte y me dijo que era un caso psiquiátrico. Así que yo traté de reunir a su familia. No podía yo sola, con todo. Me di cuenta que estaba pasando noche y día en su casa, ni ropa limpia me quedaba ya. Una mañana le dije que me iba a buscar ropa a casa, en realidad porque necesitaba un respiro, y se puso a llorar y me pedía por favor que no la dejara sola. Así que llamé a los hermanos, a los que conocía por lo menos. Vinieron enseguida, y armamos como un comité de urgencia. Con ella ahí, en el medio. Y más o menos acordamos cómo seguir. Pero claro, ella a pesar de su enfermedad o su malestar, sigue estando lúcida y te manipula, hace que hagas lo que quiere. Y me di cuenta de eso y me fui, me alejé casi completamente. Estaba agotada, no podía procesar todo. Yo necesitaba estar sola, en mi casa, pensando en mis hijos, en mis cosas, escribir, mandar unas postales a mi hermano. Y no la llamé más. Ahora me lo reprocha. Y capaz tiene razón, pero fueron unos días interminables.

 

3

Te importa poco si no vuelvo a tiempo para la cena.

Te duele demasiado si me quedo más de lo debido.

 

4

Se le mezcla todo. Yo creo que es su frustración histórica. Se pasó la vida bajo la pata de esa amiga suya, ¿cómo se llama? No importa, la que se dedica a la fotografía. ¿Sabés cuál te digo? Y creo que se convenció a sí misma que ella no podía, que sólo tenía que seguirla, acompañarla, ser la segunda. Y bueno, así no se puede salir. Si te pasas la vida siendo la segunda de alguien, es muy difícil que puedas sentirte bien. Se le nota en la cara todo ese malestar. Es cierto que cada tanto la criticaba, y entendía los problemas de esa relación, pero no pudo zafar. Y así está ahora, entre triste y enojada, porque la otra se fue, hizo su vida, anda por el mundo exponiendo en galería importantes. Creo que cada tanto le manda un correo electrónico. Pero lo cierto es que la dejó sola, y no puede rearmarse. Hace cursos; de esto de lo otro, cree que los cursos la van a salvar. De dramaturgia, de escritura de guión. Me dijo el otro día que estaba empezando uno de historia del arte. Yo me pregunto, esto no se lo dije, pero me pregunto para mí ¿historia del arte a los 52 años? Es demasiado. Lo que ya no sabes, lo que no te pasa… Si ella nunca entendió el arte, ni le interesó. En ese sentido fue un poco insensible. Para mi siempre tuvo una sensibilidad que dependió de la otra, y ahora que ya no está, claro, busca cómo compensar y no sentirse tan sola. Encima los hijos prefieren vivir con el padre. No se, de alguna manera la vamos a tener que ayudar. Pero ella no se deja.

RENUNCIO

Renuncio al poder de ejecutar

sobre vos

sin límites ni eufemismos

este capricho travestido en norte

de una brújula desconcertada

en el campo arrasado

de nuestra despedida.

Te diría que soy la pura mentira

pero hasta mi mentira

que tu inteligencia presiente y acierta

te parece un gesto divino de amor

Por eso

a ese poder soberbio que tengo sobre vos

al sigilo sicótico con que modelo tú deseo

a esta obscena capacidad de hacerte callar

hoy renuncio.

Ya no quiero poderte

y dejarte sin hambre, sin dudas, sin viento.

Ya no quiero clavar

alfileres en tu espalda

para que los sueños

te duelan menos

que la realidad que los destila

No.

Quiero soltar el lazo que te ata,

porque también me ata.

Quiero soltar las justas razones

porque a esta hora

ya se han vuelto un poco injustas.

Ya no quiero poderte.

Por eso, hoy renuncio.

Al poder de decidir

de corregir

de ignorar,

de volver a cualquier hora

de cualquier parte

sin excusas

irreverente

con  infames relatos

de historias que jamás

existieron.

Me aturde

la grandeza que proyecta sobre mí

la pequeñez de tu solemne

paso sobreprotector

por el desierto de mi locura

Y entonces

ya no quiero poderte.

Con todo, con poco, con nada.

Cuando las cosas lleguen lejos

más lejos

tan lejos

que podamos imaginar

una tarde de verano,

después de la tormenta,

cruzándonos inesperadamente

quiero que vos de mí

ni el nombre te acuerdes.

Renuncio

a esa certeza inútil

que tiene nombre de comodidad

Digo basta de poderte.

Como quien detiene la guerra

Como quien multiplica el pan

Como quien escapa a medianoche

Como quien mata al monstruo

Ya no quiero poderte.